Bronca.
Una bronca primitiva. Básica, quizás, pero muy profunda. Visceral.
Una bronca nacida de la impotencia ante la injusticia.
Una bronca de ver caer a almas buenas bajo el peso de sus propias obras.
Y a nadie le importa.
¿Hasta cuándo?
Hace tiempo que dejé de creer que en este mundo haya verdadera justicia.
La justicia divina es un cuento, y la humana, un cuento de horror.